Porque, quizá, alguna vez recorrí calles solitarias que me llevaron a parajes desolados, montañas horadadas y vacías…
Porque perdido de todos, para todos y sus intereses, busqué en mí la culpabilidad, la disidencia de mí mismo, hasta perderme recorriendo esas calles donde las esquinas te rechazan, perdido de mí, allí donde sólo encontré restos, luces rotas, ilusiones que no nacieron, se pudrieron en callejas truncadas, sin ver luz, donde se escuchan sólo ecos, los ecos de los extremos, habitan en mí, los conozco, noche tras noche escucho el retumbar de su avance, vienen a mí en la oscuridad de calles que son paredones, las calles de mi alma, en donde palpo los desconchones de las balas que tantas partes de mí, asesinadas, no se llevaron, y allí me acurruco y tiemblo, esperando que esta vez no me encuentren, pues ya no queda nada en mí, y marchen y mueran con la noche que muere en silencio, y levantarme entre los restos de mis cadáveres, para llegar al revés a ninguna parte en mí,
cerrar los ojos cuando los demás reclaman luz,
y soñar con las ausencias, con todas y cada una de las ausencias que conforman mi presente, sintiendo que sin ellas no sería lo que hoy soy, lo que no era de aquellas, allí, de pie, despertando entre luces artificiales, mirando, embelesado, a una máquina que remueve un granizado de hielo, parece la niebla, se ondula igual que ésta cuando bajaba de las cumbres, niebla espesa, húmeda, cristales que roban la luz del que la mira, niebla de tormenta entre las calles, simétricas, de mi cerebro, por allí aparece su eco, como viento gélido que te barre cuando ya sólo eres escamas, sin nada de ti que te sustente, ya nada, el viento en la calle del medio, sin esquinas, que te barre porque ya todo en ti es vacío,
- vamos
perdida tu mirada hacia dentro, en ese espejo negro en el que, después de un rato, te reconoces, a veces un largo rato, cuando has lavado los falsos colores que te cegaron y engañaron, a veces, sólo a veces, te reconoces en la oscuridad, entre los extremos de tu mente, allí donde habitan las luces, entre ellas caminas en la sombra, das consistencia a los perfiles, como el agua que justifica las riberas, las imágenes se estriegan en tu cerebro, la suciedad fluye entre los surcos, se apantana en tus ojos, allí diseccionas las imágenes, intentas reconstruir un tiempo en el que nada brilló, ni las ausencias, pues si hubo un destello no fue observado, yo no estaba en esos colores artificiales arrancados, de donde extraigo estas imágenes, pero aún así me busco en ellos,
- vamos
porque ellos tiñeron mi ausencia, en ellos se sublima lo que soy, una tintura de Blues, la que mancha estos folios cuando se desborda algo en mis ojos, filtrando, recogiendo del poso piedras y luces rotas, restos,
- vamos
los restos de mis cadáveres en mi ausencia
…

está claro que has encontrado el ritmo del que me hablabas. Puto genio.
abrazo
pepe pereza
diciembre 27th, 2009