todo oscila, aunque no queda nada en ti del pasado, sólo una presión social, y te la adjudicas, un sentimiento de culpabilidad, como casi todo, por la puta cara, siempre lo más pernicioso, hoy lo sabes, para ti, y nada por detrás, sólo sombras que te descolocan, y oscila, allí, delante de tus ojos, el péndulo oscila, no se queda quieto, el hijoputa te ahoga en cada vaivén, lo sientes en el pecho, no sabes qué hostias haces aquí, no se ve ni un reflejo, sólo sientes un viento gélido en tu cabeza, nada a qué asirte para saltar, todo fluctúa, las decisiones no tomadas, las sombras de una resaca sin luces, cuesta desgajarse de uno mismo, es más fácil dejarse llevar, pero duele, lo sabes, ya lo sabes, salir de los algodones donde te adobas, empapados en alcohol, nada crece, sólo te pudres, eso es lo único claro, nada más, tenía que asumir responsabilidades, ya me valía, desastre, desastre, lo decía su mirada, la que me envolvía y me ahogaba, duele, nos ha jodido que duele, pero duele más cuando sabes que te equivocas, ahí nace el miedo, la cagaste, el que te abduce, y no lo puedes burlar, hoy lo sé, aunque no quise verlo, estaba en sus ojos, en su cuerpo de líneas rectas, en la montaña eran todo espirales, pero hoy, aquí, todo es velocidad en sus ojos, los ceros sin valor se suceden, la sensación del vacío, el absoluto, allí desapareces, te bloquea, sin escapatoria, algo te dice que te najes a la mar, que aquello, en ese momento, no era para mí, tenía que haber dado la vuelta, hecho caso a ese Instinto que en mí nació en la montaña, pero no… el péndulo pasó delante de mis ojos, se transmutó en una lista, allí no entra el Instinto, me pasé varios años intentando destruirlo, relegándome al espacio vacío en su agenda, pues tenía que pagar, yo no tenía razón de ser, necesitaba la cuadratura, la chota se me iba, instaurar el fascismo de las reglas, o la disolución, no me dignaba a protestar, a tener mi propio terreno en una lista, tenía que tragar, porque no me gustaba, había perdido a demasiada gente en el camino, tenía que cambiar, necesitaba disciplina, callar, ya había tenido demasiadas oportunidades y siempre la había cagado, por no apostar por mí, nunca creí en mí, simplemente me dejaba llevar, en las callejas es más fácil despistar, perderte… ahora no, todo era distinto, me dejé decorar por aquellos para los que yo era una carga, no aposté por mí, me puse un cilicio, descubrí mis espaldas… y apareció alguien que me ahostió por la puta cara, es así, aunque ya lo sabía, allí, de pie, en esa estación… donde ya no existen los espacios en blanco a rellenar, sólo plazos que cumplir…
- ¡Vamos!
… de los que tenía que haber huido, es lo primero, aunque vengas huyendo, huir, de mí, pero hacia mí, sin más peros, pues sabes lo que te espera, es la sentencia, otra vez sin juicio, no existe el juego, ni ala de sombrero que tocar, cuando nada queda, hasta aquí he llegado, que apostar, la fría y oscura noche entre la niebla, y desaparecer, ante su cara que corta el viento, ese del aire acondicionado, el que levantan las letras que caen en los letreros, la voz impersonal, todo impersonal, las poses, demasiado aerodinámica, sus gestos, el gran esfuerzo que ha hecho por venir a recibirme, y lleva la lista en la mano, ya era su mano, fundida a ella, como papa que bendice a izquierda y derecha, la izquierda siempre son los contras, a la derecha los pros, y su mano que me apunta oscilando, siempre, entre los pros y los contras, lo positivo y lo negativo de sus quehaceres, pasa por encima de mí, la mano, soy un espacio en blanco, no me define, nunca lo hizo, eso me sienta bien, soy ese espacio entre lo definido y lo tachado, oscilo mientras su mano oscila, sin ningún límite que lo demarque, ora hacia los pros, ora hacia el abismo insondable del borrón, un hueco en ningún sitio, mi vacío oscilando en su papel, examinándome, sin preguntarme, ni una puta vez, si quería estar en algún sitio en su lista, y no, no quería, y no sólo en lo pendiente, su dedo pendía delante de mí, o eso que era la luz de un sol que dibujaba, alrededor de la palabra, o la oscuridad de un tachado, huir, pero no del borrón, sí de mi cara de loco suicida, ese siempre viene conmigo, el borrón, no el gesto histriónico que nadie, y menos ella, entendió jamás, la sonrisa que no disimula la verdad, no te preocupes por mí, venga, vete a currar, ya me busco la vida, siempre ha sido así, sí, pero no por no molestar, no, necesito tiempo, situarme, asimilar los detalles, construirme un escenario, no un mapa, para seguir huyendo, pero ya nada se estaba quieto, el traqueteo del tren todavía en mi espalda, los recuerdos, soy un puto nostálgico, arrancados de cuajo, ya no eres nadie, piensas, con esa sonrisa estúpida en la cara, la que se pone al carraspear, al intentar tragar el gargajo, ese que se dulcifica, al menos en su estética, si alguna vez aflora como lágrima, pero que en mí se queda ahí, ni sube ni baja, sigo con esa sensación, todo se atasca en mi garganta, allí, en esa estación del norte donde nadie llega, todos se van de sí mismos, de pie, su mirada que dice que perdemos el tren hacia tres cantos, las piedras que cuento, una y otra vez, vamos, vamos, lo que son mis cantos, mi Blues de Luz Azul, lo que ni callé ni asumí, simplemente se quedó atascado, como ese pelo que, en su deriva, rebota y rebota, grabada en sus pupilas la última imagen, el brillo de la tijera que lo cercena, la luz que lo extirpa, tiene la suerte que no busca, la mala suerte en su pirueta, de caer en un poro abierto del que lo saja y allí se injerta, otra barra de bar donde beber en silencio, otra sangre que mata y alimenta, en el silencio de no estar en ningún sitio, ni en ti mismo, allí, de pie, atascado de recuerdos que se caían, todos en tropel, sin levantar viento, aun cuando generaban tormentas, pero no para crecer, sólo canta y espera la pinza que lo arranque, espera disimulando el tiempo, y lo lance otra vez, todos en mis pies, sin una escoba para recogerlos, la que busca el pelo en su deriva, acabar con esto de una puta vez, pues me destruye, en el silencio, la huida hacia delante, el paso que no quieres dar, pero ya te sabes sin regreso, y das el paso que te desgaja de ti, buscas un grito pero todo se atasca, todo queda pendiente, sin resolver, todos a mis pies, en ese espacio en blanco, sin sombra, sin el Instinto que en mí se crió en la montaña, dos años de silencio, todos, esperando el sonido de la prensa, lo intuía, se oye muy bien, si en algún momento paras, sales de la fila, de las colas que entran, sólo entran, pues lo que era una cuenta pendiente con la vida, ahora, que ves a tus pies todos los recuerdos, sin nada, sin amigos, sólo ella transmutada en un lista, donde todo oscila…
- que ya voy, cojones
… menos yo
…