si los hombres definen las situaciones como reales, ellas son reales en sus consecuencias, lo dice un sociólogo, pues vale, W.I. Thomas, correcto, no lo discuto, lo veo todos los días, cómo unos hijosdeputa, que se creen por encima del bien y del mal, se pasan por el forro de los cojones el destino de millones de personas, les da igual, sólo actúan en beneficio propio, saben que tienen comprados a los gobiernos, que éstos harán cualquier cosa que se les diga, no importa de qué color digan ser, los gobiernos, el único color es el del dinero y ellos crean el color, después que cada cual se las arregle como pueda, para eso están las instituciones que han de orientar, obligar a seguir un camino, al que siempre pringa, el que se come todo, ese que se autoengaña porque quizá cree en algo, todavía, un algo siempre externo, que ya es bastante jodido subsistir sin tomar una puta decisión, cuando la única que se debería tomar es por uno mismo, intentar pensar que una sola persona puede cambiar algo, es cierto, y sin desbarres varios, olvidando lo de los claveles en el ojel de los fusiles, las balas no tienen ojos y siempre dan por el culo, sí, se puede hacer, cambiando la mentalidad, desde tu puesto de trabajo, o el que me espera en la cola del paro, en los restos de tu familia, con los amigos que no han intentado venderte, lo que quede de tu pareja, él o ella, si no es ya un clon de silicona, requemado por el láser, sí, se puede hacer, dejar de mirarte en ese espejo, el que te dice que eres especial, sí, pero calla, y paga lo consumido, no pienses, para eso ya están otros, los listos, los que sólo manejan estadísticas y dinero que no existe, ellos lo crean y te venden aire, el que acaba siempre desnudo eres tú, no lo olvides, se acabó la película, los efectos especiales son sólo eso, humo por el que has pagado el precio de una vida, en la letra pequeña viene la comisión de tu alma, ya no eres nadie para ellos, y ahora te llaman cerdo y tonto a la cara, y tú callas, porque en el fondo sabes que te la han metido doblada, una vez más, y con esa mentira has de construir tu día a día, hacerla real para seguir callando, no te preocupes, no serás el único que quede en pelotas, sumiso y follable si te has trabajado el body como mandan los cánones, los del imaginario que te han creado, el que tú te has creado cuando cayó el telón, no el de acero, el de humo, cuando te das cuenta de que sólo eres una astilla que alimenta su fuego, o un palillo de dientes, moldeado por un torno, predecible y repetido hasta el fin de los tiempos, aunque todavía te creas único y exclusivo porque el salón de la que ya no es tu casa sea distinto, al del vecino, ese hortera que también tiene su mercado, su revista, sus grupúsculos virtuales, es lo que te queda, lo único que conforma tu realidad, una imagen anónima cuando todo se hunde, cuando alguien decide que la realidad ficticia ha cambiado, y te pasan la factura del espectáculo, y lo que te resta fregando platos…
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ahí sigo, fregando que digo, limpiando la mierda que me ha caído, intentando cambiar mi percepción, construir una realidad que parta de mí, que no me venga impuesta por unos hijos de puta, una vez rotos todos los esquemas, todo lo que tragué porque se hizo creíble, y sí, se puede cambiar la realidad, al menos intentarlo, es muy fácil dejarse caer por el puto hueco de la desesperación, sin defender lo que quede de mí, intentar dejar de pringar, reciclarme, luchar por no transmutarme en un fanático que perpetúe la mentira, el engaño en el que ha perdido su vida, pues sabe que algo se mueve a su alrededor, pero es difícil dar un paso, aun a sabiendas de que el imaginario social construido por las costumbres, lo socialmente correcto, te ha de perseguir y estigmatizar, aunque no creas en él, es así, no necesitas consumir todo lo que te echan, así construyen la piara, ya lo sabes, hermano cerdo, así te llaman, voraz consumista, se descojonan de ti, de tus gruñidos al devorar sus sobras transgénicas, ahora ya sabes que eres lo que posees, puede que un ladrillo de momento, uno de esos que levantaban en tres cantos, por ejemplo, donde plantan una autovía, implantan unas empresas multinacionales que mañana se irán, cuando hayan chupado todas la subvenciones, dejándote en mitad de un desierto, pagando los plazos de un cactus toda tu puta vida, ahora, pero de aquella había que decorar el engaño, endulzarlo para que tragaras, la puta apariencia, bien lo sabía la patrona, le sudaba el chichi lo que pensaran de ella los vecinos propietarios, los que querían dignificar el barrio construyendo una iglesia de verdad, no esa que ocupaba los bajos del bloque de viviendas, que no daba rédito a la comunidad, por eso pedían dinero de puerta en puerta, con el eslogan de que la casa de Dios ha de estar en un sitio decente, pero con la ambición de alquilar los bajos y sacarse una buena pasta, pues a Dios lo de Dios y adiós, que los bienes terrenales no se pueden ceder gratis indefinidamente, y me pillan a mí intentando dormir la mañana, cagándome en el puto ruido del ascensor, en gallumbos y con la mala hostia del que no alivia los bajos, y el tufo de la berza, si lo era, que les impacta en la cara según abro la puerta, e inunda las escaleras en lo poco que pretendo tardar en darles con la misma, que eso es cosa de la patrona, no lo sabían, que alquilaba habitaciones, ya, qué casualidad, y justo en ese momento aparece el moro, subiendo las escaleras de cuatro en cuatro, y grita al verme en gallumbos, con la cara desencajada, cojones, y yo que sé, que he salido de currar a las siete de la mañana, sólo quiero dormir, y los beatos comisionitas que flipan, el moro escupiendo maldiciones por toda la casa, no se corta en entrar en mi habitación, oigo un ruido, ¡hala!, ya se comió la tabla de abdominales que guardo debajo de la cama, ahora jura en hebreo por lo menos, así está el país, lleno de infieles y descastados, con esta gente quién saca pa una iglesia nueva, na, a joderse, les cierro la puerta en sus narices confundidas por el aroma de mi hogar, y encaro al moro, está ciego repitiendo el nombre de la francesita, le sujeto los brazos, se pone tieso e intenta revolverse, parece que va reaccionando, nunca mantiene la mirada, el olor a berza es insoportable, sólo quiero intentar dormir, se lo digo, y ahora la habitación con ese puto olor, maldigo al médico que le dijo a la patrona que tenía el colesterol alto, ¡a mí!, que dijo, y ¡hala!, a hervir todas las hojas que quitan en el mercado, sí, las que tiran a la basura de las berzas y otras verduras, esas, cociéndolas día y noche para hacer un depurativo, y después a arreglar la ropa, pues no veas la cantidad de kilos que perdió en na, se quitó todo menos la mala hostia, eso no se depura, y menos sin dormir ni follar, no sé dónde está, no la he visto, mentí, pues al llegar estaba en la cocina, ¡ufffff!, unos pantaloncitos cortos, bien marcadito todo, abrochándose las playeras mientras me cuenta que se va a madrid en tren, y yo mirando su culo, a recoger una bicicleta que ha comprado en el segunda mano, que después me la enseña, y se da la vuelta y yo petao, me mira el paquete, se ríe y se marcha moviendo el culo, y yo a intentar dormir, y soñar con sándalo y no berza, y el tío que se tranquiliza y marcha, mala cosa eso que las mujeres decidan por sí mismas, y que además tengan su propio dinero, ¿eh?, pero no te preocupes, aquí pasa exactamente lo mismo, sólo que se dice otra cosa de boquilla, por eso una vez intenté que una mujer llegase a lo más alto sin venderse, quise dar un paso, pero ya de aquellas empezaba a dudar, intuía que había metido la pata, pero empezaba a autoengañarme, al igual que él, que dudaba y sufría atrapado por una tradición, sin atreverse a dar el paso, sabiendo que la estaba perdiendo por obcecarse en sus celos, no encontrando un sitio seguro donde encerrarla, sin la seguridad que da un imaginario social, si te ciñes a él, si no dudas, si te pones en primera fila a lanzar piedras contra esos que dudaron lo que tú dudas, matando en los demás la parte de ti que no te atreves a afrontar, así se perpetúa la mentira, así acabamos vendiéndonos todos, no te flipes, no te digo nada ajeno a ti, mirando hacia otro sitio, pagando con nuestro silencio la butaca en el lado amable de la televisión, allí donde sólo hay miedos, temor a que los desastres salgan de la pantalla, los que nosotros mismos hemos provocado, pues ya somos dóciles, cerdos sumisos que esperan su ración, en pocilgas con espejos que repiten nuestra imagen hasta el infinito, sólo así trascendemos, virtualizándonos, añadiendo en nuestro reflejo las dimensiones que hemos castrado en nosotros, por no dar un paso, el que él no daba, el que yo no daba, al creer que los demás podían hacer lo que yo no hacía conmigo, ser yo mismo, mirarme dentro, luchar contra mis fantasmas, levantarme y escribir, disponer de mi tiempo y mi dinero, sin estar siempre pendiente de sus lágrimas, haciendo caso omiso de las lágrimas que pendían de mi sexo, encerrado en una cama fría de 1,05, en la que nunca, aunque durmiésemos juntos de cuando en cuando, sentí calor, el calor de la vida, el que destilaba la francesita haciendo equilibrios imposibles entre dos culturas que se engañan, a ellas y entre ellas, y yo en el puto medio, como siempre, por no reclamar mi sitio, apto para recibir hostias de todas partes, las que estaba ella a punto de recibir, pues sabía que él estaba haciendo guardia en la calle, ya le había visto varias veces, comiéndose los cojones, por eso me vestí, bajé por las escaleras, y me senté entre las penumbras, haciéndome un sitio entre un concentrado de olor a berza, hasta que la vimos llegar montada en su nueva bici, exultante, y él se lanzó contra ella, empezaron a discutir, aspavientos y miradas al cielo, allí donde no estaba la tormenta, y ella subida en la bici, reflejando el tatuaje de su espalda en el cristal del portal, el tanga que se integra en el dibujo, y la temperatura que iba subiendo, dentro del espejo también, el olor a berza ya era gelatinoso, y la bicicleta que acaba de mala manera contra un parterre, y ella que se encara y el otro retrocede, se desinfla mirando hacia los lados, las ventanas, y en ese momento el olor a berza me puede, y salgo del portal con prisa haciéndome el loco, ella me para, ah, hola, te estaba buscando tu…, me enseña la bicicleta, y es cuando simulo ver al otro, ufff, no aguanto el olor a berza, tú, necesito un café, voy a hacer como las paisas esas: una colecta para poner un bar en el barrio, joder… venga, nos vemos… y marcho hacia la estación que queda a veinte minutos andando a por un café de máquina…
mientras camino pienso en mi vida, y llego a la conclusión de que lo único real que hay en ella es el olor a berza…
suena el móvil mientras sigo cociéndome en mi propio jugo,
concentrado
…