la vida, lo que reste de ella, si ha de quedar un resto, puede llegar a ser la búsqueda de un momento enterrado bajo capas, bajo máscaras, las que fuimos añadiendo para intentar seguir corriendo, para mantener ese equilibrio interno perdido, por no sufrir más en la disidencia, la de uno mismo, y dejar de sentirse un extraño al ser arropado por la opinión mayoritaria, pues nadie se para a contrastarla, ni ha llegado a ella por la propia reflexión, no existe tiempo cuando todo se acelera, los razonamientos siguen una lógica monotónica, todo está pautado, asumimos esa cadencia que nos castra, la ansiedad nos difumina, nace la ambigüedad en nuestro camino, no estamos en ningún sitio pues no estamos con nosotros, y hacia nuestro vacío indefinido descienden las nieblas de la Razón, ningún rincón en nosotros es seguro, nada es claro, cada vez que nos asomamos reaparecen los miedos, y salimos corriendo a por otra terapia consumista, creemos que todas nuestras frustraciones se soslayan con lo material, al menos es algo tangible, nos podemos agarrar a ello, dentro sólo existen fantasmas, todo el mundo sabe del crujido, cuando lo oyen en otros huyen, las almas que lleva el diablo, son demasiadas terapias en el reflejo al que sólo da forma lo que crees que posees,
eres el mejor, no vas a permitir que nadie te vuelva a pisar, vas a pisar tú, sólo tú mereces la pena, eres el más guapo, te estás poniendo cachas, las pastillas te hacen bien, te sentirás mejor, con ellas distraerás esas noches, todas, ese coche y esa moto, la casa, eso te hará sentirte bien, no lo dudes,
,es el pensamiento estándar, su ciencia te dice que es lo más probable, pero nadie sabe de su veracidad, los medios te lo repiten, las políticas lo incentivan, las mismas que ahora te piden sumisión, el proceso es el mismo, si no recordamos cómo hemos llegado a un punto, nos quedaremos atascados en él, pues es un círculo en el que olvidas la vuelta dada, como el burro con orejeras que cree que avanza en línea recta, no lo cuestiona, así nos tienen, encadenados a la noria de la que sacan sus riquezas, adáptate, o muere, siempre es el mismo mensaje ante un nuevo escenario que es el mismo, pocos se paran a pensar, a contrastar las informaciones, cada vez son más descaradas, cuela todo, eso sí que es fehaciente, comprobado cuando te creías activo, señor y dios en una normalidad que nunca ha dejado de heder, pues es tu olor, el olor del cadáver que ya eres, no hace ya falta que nos asusten con hologramas de extraterrestres, ya están entre nosotros, así nos programan desde los medios de comunicación, desde el vaticano vía hollywood, ya nadie duda del hermano ET, lo de menos es que existan o no, que vengan que nos aniquilen o nos salven, el miedo está sembrado, los culpables siempre son los ajenos, tan sólo esperamos el momento en el que salgan de la pantalla de la televisión, somos los que nos creemos, doy fe de que unos se creen extraterrestres, otros estrellas de lo que sea, y por su creencia lo eran, no estoy capacitado para juzgar a nadie, no me interesan las máscaras, pues ya sólo somos un holograma de nosotros mismos, fundidos por el miedo, sin afrontar nuestra culpa, pues sólo nosotros nos hemos de juzgar, y necesitamos hacerlo para salir de ésta, aunque sigamos demorando el momento, haciendo que nos creemos las mentiras por no afrontar nuestro punto ciego, ahora nadie fue partícipe, estaba claro el engaño, pero todos lo siguieron, pues no es rentable, no podemos perder tiempo, se escapa muy rápido, a la par que las cosas que nos hacen felices un instante, ese en el que creemos que todo ya está correcto, merece la pena, son las típicas tonterías que dicen los que se quedan detrás, como el que esto escribe, vivir es jodido, esto es una puta selva, o pisas o te pisan y todos bailando claqué, has de seguir el ritmo si no quieres quedarte donde ese que no se sabe con qué mierda mancha el papel, no hay tiempo para contrastar las informaciones, lo más fácil es adoptar la conclusión por defecto, las estadísticas te dicen lo que piensan los demás, alguien, no sabes quién, los otros del grupo, por ello todo son encuestas, es la ciencia y no falla, y no falla porque adaptamos esas respuestas que nos venden representativas, las hacemos propias, la disidencia genera soledad en el grupo, te sientes rechazado, estás cansado de no cuadrar, por ello acabas vendiendo tus propias opiniones, te desechas ante el espejo, el problema es tuyo, has de adaptarte, y así, la siguiente vez sólo serás un reflejo ante el que repetirás un mantra para reafirmarte, sabes que no puedes volver atrás, antes no eras feliz, aunque fueses tú mismo,
ahora las mujeres te miran, ya no eres un cero a la izquierda, tienes la fórmula del éxito, soy el mejor, soy el mejor… eres el mejor…
, necesitas sentirte respaldado por el grupo, diluirte en él, ya eres alguien, eso lo notan, ahora miras y controlas, no puede quedar nadie que te recuerde que tú fuiste alguien que intentaba llegar a sus propias conclusiones, el que sufría sin saber porqué, pero no eras alguien como ahora, no sentías la aprobación de los demás, quizá intentaste aportar algo y nadie te escuchó, ahora ya sabes que no hay tiempo para rebatir ningún argumento en contra, y con el coche nuevo eres el rey de la semana en el curro, ya sabes cuál es la fórmula mágica y firmarás donde haya que firmar por seguir sintiendo ese subidón que te hace normal, por ello en la siguiente vuelta, justificarás que te quiten libertades, que los especuladores impongan la ley marcial, que llegue un fascismo ondeando banderas falsas, que te envenenen y te sacrifiquen ante su dios de oro, pues la opinión pública lo pedirá, tú lo pedirás sin pensar, es tu simple reflejo, te has vuelto conservador del momento feliz que siempre corre más que tú, sigues necesitando un grupo que piense por ti, aun cuando ya no exista ese grupo, y, a lo peor, te quedes solo y quizá busques ese puto momento en el que pudiste ser pero no creíste en ti, pues el problema estaba en ti, sí, pero cansado de echar las culpas a los demás, en vez de intentar mejorar y engrandecer lo que te hacía especial, el contraste de contrastes que hace de la vida una obra de arte, especularás sobre lo que pudiste hacer, lo bueno que podías haber sido en lo que nadie te aplaudía, quizá por simple envidia, pensarás, pero ya no lo encuentras en ti, todo se perdió en un instante, ese, en el que no apostaste por ti, el puto instante en el que te vendiste
…
tenemos que irnos
la noche fue dura, no sé, demasiadas horas pensando en la francesa, aguantando a otro programado practicando su nuevo rol, joder, si me lo encontré repitiendo una letanía delante del espejo en el vestuario, con las pastillas disimuladas en la mano, y en sus ojos la firme convicción del que se sabe en el camino correcto para no seguir pensando, apagados, reseteado, orando, le daba igual que le escuchase, parecía querer darme a entender algo, quizá que ya no recurriría a mí para llorar sus penas, que cambiaba de terapia, ya ves, un lujo si lo hubiese cumplido, como si me hubiese hecho un favor, no te jode, yo no tenía ningún problema por trabajar solo de noche, me la traía floja su nuevo estatus consumista, su pasado de lágrimas, era consciente de que la gente sólo busca un paño en donde quitarse algo de mierda, y a mí no me daba igual ser ese paño, pero no me los quitaba de encima, yo no ando por ahí contando mis problemas, mis apaños me los zurzo yo solito, pero eran insistentes, las noches son muy putas para quienes no saben estar solos, los que no quieren hablarse a sí mismos y dejar de dar la turra, siempre están, buscan que alguien llore más que ellos, eso les consuela, y si cedes, le escuchas, por ver si se cansan y te dejan seguir a lo tuyo, acabas siendo papel pal bul, ya ves, podía titular esto: el tiempo en el que fui papel higiénico, sí, sólo que no me sentía muy limpio de principio, tenía ya bastante mierda y me jodía que siempre se pusiesen trascendentes de noche, renegando de toda su vida de pajas mentales, deberías haber follado un poco más, tío Freud, sólo sembraste los senderos de farla y fantasmas, estos son tus herederos, siempre dando la murga con sus problemas de torero de salón al que le empitonan las sombras, aun así, en su momento, intenté ayudarle en lo que podía, mal asunto que alguien te llore y tú no le correspondas, peor que no le cobres por las sesiones, no me interesan sus intimidades, simplemente me las cuentan, me ha pasado en infinidad de barras, la diferencia es que un borracho se disculpa a sí mismo en la resaca, tiene una excusa y un papel higiénico con suavizante de alcohol, está más equilibrado el asunto, pero los que huyen de su propia sombra sienten que han perdido la ropa en la noche y que tú sabes dónde, ya ves, la mierda que acaba manchando el papel, también necesito airearla, llega un momento en el que te ahoga, y no existe nadie amigo, ni una barra para desinfectarse con ginebra, en donde trazar corazones para rellenarlos de bilis, espirales que compriman tu polla, un borrón de lefa que ciegue el ojo que nada ve, un lugar discreto en donde desaparecer en silencio debajo de la barra y, simplemente, olvidarme de los que reparten las estampitas de sus miserias, de todas las batallas regaladas, de los cinco minutos en los que mi pareja hacia una pausa en la subasta de su mente y cuerpo, olvidarme, del culo de la francesa con la que había quedado por la mañana para ir a comprar fruta al mercadillo de los martes, olvidarme, sí,
y perderme en un zurcido
tenemos que irnos
…
cada vez se reducía más mi territorio, era como si tuviese vergüenza, y nunca encontraba el momento adecuado para salir, intentar relacionarme, no sé por qué hostias sigo creyendo en esos momentos, así es mi vida, un buscador de reflejos sin fe en un mundo carbonizado, se puede resumir en eso, acabas no buscando nada, obviando una y otra vez las señales que, delante de ti, te dicen que esto no va bien, tú, espabila y haz algo, coge la puerta y nájate, pero antes fóllate a la francesa, sin premisas, sin conclusiones más allá de la corrida, no hace mucho eras así, deja de sentirte anquilosado, encerrado en un cuarto donde sólo hay un camastro, rodeado de horas vacías que corren alrededor de ti, no se cansan las hijas de puta, lo deforman todo, acabas no viendo nada, evitas pensar, siempre pospones la toma de decisiones, es así, parece mentira, tú que te creías un maestro de la introspección, que te jactabas de tener una vida interna, allí, haciendo lo que criticas en los demás, relamiéndote en la inacción, diseccionándolo todo, disgregando las evidencias, muriéndote a plazos, todo son porciones, la pérdida de la visión holística, rodeado de puntos ciegos, leyendo a Coleman y su empatía, sin nada ya dentro, sin desplegar una puta vela, dejándome ir en la espiral del remolino, soñando con lanzar el ancla que te afiance a los arrecifes de su culo, toda la noche, todas las noches, cansado de imaginar caminos, llegando a todas las conclusiones inciertas, agotándome en la teoría, la filosofía de un rollo de papel higiénico, asesinando a la emoción, racionalizándolo todo, así surgen los fantasmas, los más putos, los que no untan de manteca el bollo de su culo, el miedo a dar ese paso que te aleja del pozo de la desidia, esa frontera entre el dejarte ir y dar un simple paso, todavía lucho todos los días en ella, aunque reconozco que es el territorio más creativo, pero hay veces en las que todo se amontona, y tengo que derribar los muros de mi inacción para encontrar algo de mí, escribir puede ser una pala, aunque me temo que necesito una excavadora…
tenemos que irnos
… vergüenza de uno mismo, al creer que los dones que uno posee son normales en los demás, y no querer valorarlos, y darse una sentencia favorable, eso surge cuando vives en los aledaños tu ombligo, dudas de todo, si zambullirte si marchar, encerrado en una burbuja de gas que te atonta, los gases de tu putrefacción,pues en sí no pasaba nada, nunca, pues nunca me escuché, las verdades, hay que saber dónde no haces nada, cuándo hay que marcharse, avanzar, dejar los miedos atrás, así estoy ahora, escarbando en los restos, capa a capa, de lo que aparenta ser una combustión espontánea, la mía, esa mañana que no regresé inmediatamente, me fui al mercadillo y pillé fruta y verdura para ella, me había duchado en el curro, estaba decidido a tirar las bolsas en la cocina, llamar a su puerta, rescatar su cuerpo entre esas sábanas avinagradas, buscar un territorio neutral y follarnos, resucitar a la emoción, ajenos a nuestras mentes castrantes, así de sencillo, toda la puta noche ardiendo, intentando eludir al abducido en su estreno, sin rebatir ni un punto de su argumentación estándar, alabando su nueva vida por ver si me dejaba en la paz necesaria para desenrollarme del papel higiénico, los papiros del muerto, quedarme en lo que soy: un tubo de cartón, hueco, es así, pero vivo, y lo deseo al abrir la puerta de casa, se me caen las bolsas, está atándose una zapatilla en la cocina, el tatuaje, un trocito del tanga, son tres pasos, dos, uno y vuelve la cabeza con una sonrisa que me funde y se me viene toda la noche encima y farfullo una disculpa, tropiezo con las bolsas, me largo para mi habitación, y mientras escondo la puta chota debajo de la almohada, pienso que la vida, lo que reste de ella, si ha de quedar un resto, puede llegar a ser la búsqueda de un momento enterrado bajo capas, bajo máscaras, las que fuimos añadiendo para seguir corriendo, para mantener ese equilibrio interno perdido, por seguir en la disidencia, la de uno mismo, sintiéndose un extraño al que nadie arropa, el mismo que sigue huyendo en círculos dentro de una muralla, como un burro que perdió las orejeras y ahora que ve no sabe dónde hostias está, por qué huye de sí mismo, se castra, al menos el alcohol te mataba rápido pero feliz, y esto es una puta lenta agonía, la disolución entre la niebla, sin una opinión ni un respiro, sólo el olor frío de sus lágrimas en la almohada…
las mías queman
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Para Esteban Gutiérrez Gómez
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